El ajedrez se divide en 3 etapas, al menos para su estudio y entendimiento, siendo breve estas serían:
- La apertura: una serie de jugadas iniciales (entre 9 y 12 jugadas) cuyo objetivo es lograr un dominio sobre las casillas centrales, desarrollar las piezas (menores: caballos y alfiles mayores: torres y dama) y enrocar preferentemente del lado del Rey.
- El medio juego: Donde se debe llevar a cabo una estrategia por medio de tácticas (muchas posicionales otras más dinámicas) buscando simplificar el juego para lograr una supremacía material y posicional sobre el rival.
- Final: Luego de la simplificación de piezas en esta etapa el juego pasa por la búsqueda del jaque mate (y procurar no ser jaqueado).
Por supuesto que cada etapa/fase del juego requiere su estudio detallado para llevarla adelante lo mejor posible, pero un ítem, más que ningún otro diría, que es fundamental dominar con precisión a la hora de jugar una partida, es el desarrollo de las piezas.
Cuando uno habla de "desarrollar piezas" apunta a poner en juego cuanto antes las piezas menores primero y las mayores luego. Desde ya, sin apresurarse y cometiendo errores.
Las blancas, porque juegan primero, de alguna forma proponen cómo llevarán adelante la iniciativa de conquista del centro y desarrollo y las negras deben jugar apuntando a lo mismo.
Es por eso que un tópico recurrente en el análisis de partidas (propias y ajenas) es descubrir cuán eficiente fue tal desarrollo. Si fue muy eficiente, seguramente el bando que mejor lo hizo logrará la victoria.
Paul Morphy fue un jugador norteamericano muy destacado de mediados del siglo XIX. No fue campeón del mundo porque no existía entonces tal competencia (el primer campeón del mundo oficial fue Wilhelm Steinitz en 1886), pero sí es reconocido como "campeón no oficial" al menos por un año, de 1858 a 1859. Y esto es porque repentinamente dejó de jugar, tal como 100 años después repetiría un compatriota suyo, Bobby Fischer. Y también como Fischer vivió sus últimos años en conflicto con la sociedad que le rodeaba y despertando serias dudas sobre el estado de su salud mental.
En fin, Morphy entregó muchas partidas brillantes objeto de estudio para todas las etapas del juego y para todos los temas. Ni que decir sobre el desarrollo.
Hete aquí una partida contra Alexander Beaufort Meek en 1855 que demuestra cabalmente la ventaja decisiva que determina el desarrollo apropiado de piezas.
Observe cómo las negras terminan perdiendo la partida con cuatro piezas en sus respectivas posiciones sin haber desarrollado. Y las blancas, gracias a la perspicacia de su conductor, han desplegado todas las piezas ejerciendo una imparable fuerza de ataque.

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