sábado, 27 de agosto de 2016

Repetición de amores y arte de ajedrez

Hacia el siglo XV las reglas actuales del ajedrez ya habían aparecido pero no eran conocidas por todo el mundo. En cada lugar se jugaba con algunos matices más o menos diferentes.

Es así que Luis Ramirez de Lucena fue el primero en recopilar el conocimiento popular de aquel entonces sobre el juego de ajedrez, publicando en 1497, en Salamanca lo que se conoce como el primer tratado de ajedrez moderno (existe otro manuscrito: El Manuscrito de Gotinga cuyo autor se desconoce pero probablemente se trate también del mismo Lucena que aparentemente es algunos años anterior a este tratado).



En "Repetición de amores y arte de ajedrez", Lucena relata una experiencia amorosa de carácter burlesco definiendo el amor como una enfermedad de carácter mental. Donde el protagonista asedia, locamente enamorado, a una dama para luego desistir y apartar para así «sanar del dolor que Cupido, desarmando su arco, me causó con su flecha»

Es en este mismo libro, en una especie de segunda parte, donde Lucena recoge algunas de las aperturas más usadas por entonces como el Giuoco piano de la apertura italiana, la apertura española, el gambito de rey, la apertura de peón de dama, las defensas que hoy se conocen con el nombre de la defensa Philidor, la defensa Petrov, la defensa francesa, la defensa holandesa, y los fianchettos de rey o de dama y algunas pocas más.
También incluye los preceptos fundamentales sobre el desarrollo, el avance de los peones, el enroque, la importancia de ocupar el centro y abrir lineas para los alfiles, torres y dama.

La primer edición de Repetición de amores y arte de ajedrez.

Guicco piano.

Ya en la época de Lucena la línea principal de la Apetura Italiana era la apertura más usada. Aunque su nombre indique lentitud (piano es lento en italiano) es una apertura que ofrece partidas intensas y atractivas.
Su objetivo es claro: ataque al punto f7, el único que sólo está defendido por el rey, centro abierto y control de la diagonal a2-g8. Por su parte las negras tratan de hacer lo mismo atacando en punto f2, y procurando hacer la jugada d5 y atacar el alfil de c4 lo antes posible.



Desde Lucena (y antes también) se han jugado partidas con la Guicco piano.
Todas resultan en creativos ataques en el flanco del rey procurando debilitar el enroque, haciendo uso de interesantes combinaciones, celadas y casi siempre exquisitos sacrificios en pos de exponer el monarca rival.
A continuación una partida que resalta todos los atributos de la Giucco piano.

domingo, 21 de agosto de 2016

Napoleón y el autómata


Hoy en día la computación ha logrado cambiar la visión y forma de juego del ajedrez.
La capacidad de cómputo de una máquina le permite elegir de manera muy precisa la mejor opción de juego frente a todas las variantes posibles en cada posición. Y además es una herramienta sensacional para el análisis de partidas propias y ajenas.

Esa relación ajedrez-máquina si bien es propia de la segunda mitad del siglo XX ha tenido en la historia algunos otros encuentros previos. Uno de ellos, con objetivos no muy nobles.

A principios del siglo XIX por Europa corría el rumor de la existencia de un autómata al que llamaban “El turco” que era capaz de jugar al ajedrez y tal fenómeno era un éxito en las cortes del viejo mundo.

Efectivamente “El turco” era un autómata, (no existía el término Robot todavía) o al menos eso era lo que decía su inventor Wolfgang von Kempelen (de Bratislava, por entonces parte del Imperio Austro-Hungaro). Consistía de una especie de caja en forma de mesa con un tablero de ajedrez al frente y una figura humana detrás con turbante y túnica, de allí su apodo, “El turco”.
Era capaz de mover las manos para mover las piezas y mover la cabeza para indicar “jaque” o desaprobar una jugada no válida del rival. Además si se abría una de las puertas frontales de la mesa se podía observar el complejísimo mecanismo de engranajes que permitía su automatismo.
Lo cierto es que el “El turco” era en realidad un fraude rotundo. Había en su interior, oculto de manera hábil un ser humano que además era un eximio jugador de ajedrez y comandaba el muñeco del turco.  El chanta de Kempelen iba por las cortes europeas recaudando fortunas con su falso autómata.
En 1809 Napoleon Bonaparte (más entusiasta que gran jugador) en un impasse de las Guerras Napoleónicas tuvo la oportunidad de enfrentar a “El turco” y ser embaucado. En esa oportunidad el autómata en realidad estaría manejado por Johann Allgaier un gran jugador de la época (durante “la carrera ajedrecística” de El turco varios ajedrecistas fueron contratados por Kempelen para comandar su autómata).
La partida contra Napoleón además de lo curioso del hecho resulta muy instructiva en dos tópicos básicos del ajedrez: el desarrollo de piezas en la apertura y la prematura salida de la dama. Temas que suelen ir de la mano, una salida prematura de la dama termina resultando en un mal desarrollo de piezas. Pecados cometidos por el emperador ese día  en el castillo de Schönbrunn.


lunes, 15 de agosto de 2016

La importancia del desarrollo


El ajedrez se divide en 3 etapas, al menos para su estudio y entendimiento, siendo breve estas serían:

- La apertura: una serie de jugadas iniciales (entre 9 y 12 jugadas) cuyo objetivo es lograr un dominio sobre las casillas centrales, desarrollar las piezas (menores: caballos y alfiles mayores: torres y dama) y enrocar preferentemente del lado del Rey.

- El medio juego: Donde se debe llevar a cabo una estrategia por medio de tácticas (muchas posicionales otras más dinámicas) buscando simplificar el juego para lograr una supremacía material y posicional sobre el rival.

- Final: Luego de la simplificación de piezas en esta etapa el juego pasa por la búsqueda del jaque mate (y procurar no ser jaqueado).

Por supuesto que cada etapa/fase del juego requiere su estudio detallado para llevarla adelante lo mejor posible, pero un ítem, más que ningún otro diría, que es fundamental dominar con precisión a la hora de jugar una partida, es el desarrollo de las piezas.

Cuando uno habla de "desarrollar piezas" apunta a poner en juego cuanto antes las piezas menores primero y las mayores luego. Desde ya, sin apresurarse y cometiendo errores.
Las blancas, porque juegan primero, de alguna forma proponen cómo llevarán adelante la iniciativa de conquista del centro y desarrollo y las negras deben jugar apuntando a lo mismo.

Es por eso que un tópico recurrente en el análisis de partidas (propias y ajenas) es descubrir cuán eficiente fue tal desarrollo. Si fue muy eficiente, seguramente el bando que mejor lo hizo logrará la victoria.

Paul Morphy fue un jugador norteamericano muy destacado de mediados del siglo XIX. No fue campeón del mundo porque no existía entonces tal competencia (el primer campeón del mundo oficial fue Wilhelm Steinitz en 1886), pero sí es reconocido como "campeón no oficial" al menos por un año, de 1858 a 1859. Y esto es porque repentinamente dejó de jugar, tal como 100 años después repetiría un compatriota suyo, Bobby Fischer. Y también como Fischer vivió sus últimos años en conflicto con la sociedad que le rodeaba y despertando serias dudas sobre el estado de su salud mental. 



En fin, Morphy entregó muchas partidas brillantes objeto de estudio para todas las etapas del juego y para todos los temas. Ni que decir sobre el desarrollo.

Hete aquí una partida contra Alexander Beaufort Meek en 1855 que demuestra cabalmente la ventaja decisiva que determina el desarrollo apropiado de piezas. 

Observe cómo las negras terminan perdiendo la partida con cuatro piezas en sus respectivas posiciones sin haber desarrollado. Y las blancas, gracias a la perspicacia de su conductor, han desplegado todas las piezas ejerciendo una imparable fuerza de ataque.

domingo, 14 de agosto de 2016

La trampa de Lasker

Emmanuel Lasker (1968 - 1941) fue un ajedrecista, matemático y filósofo alemán, campeón del mundo de ajedrez de 1894 a 1921. Obtuvo el título a los 25 años tras derrotar a Wilhelm Steinitz y es el campeón del mundo de ajedrez que más tiempo lo ha retenido, 27 años consecutivos, hasta que en 1921 perdió el match de la Habana frente al gran maestro cubano José Raúl Capablanca. Fue pionero entre sus contemporáneos en la explotación de los aspectos psicológicos del juego, sacando partido con enorme habilidad de las deficiencias particulares de cada uno de sus oponentes.
Lo esencial, lo nuevo, que Lasker ha llevado al juego del ajedrez, no es todo técnica pura, es el juego psicológico [...] lo esencial para él es la lucha de los nervios. Busca, por el medio de la partida de ajedrez atacar la psicología de su adversario. Richard Réti.

Según suele decirse, en sus partidas, muchas veces optaba por jugadas que no eran necesariamente las mejores sino las que más complicaban la partida al adversario con el que se enfrentaba, como si buscara en cada encuentro la manera de imponerse utilizando los puntos débiles de cada uno de sus rivales.

Un ejemplo de ello es la famosa Trampa de Lasker

La "trampa Lasker" es una variante de la apertura Contragambito Albin donde en 7 jugadas las negras toman un ventaja considerable y practicamente definitiva coronando un peón en caballo de manera brillante.