La originalidad, la creatividad, la primacía del genio creador de un Universo propio por destacar solo algunas de sus características invadían practicamente todo arte.
El ajedrez, que como decía Mihail Tal es "un arte" a diferencia de la popular expresión de "juego ciencia" también fue conquistado por este movimiento surgiendo de esta forma a mediados del siglo XIX "La escuela romántica de ajedrez".
La escuela romántica.
Las partidas entre La Bourdonnais y McDonnell en 1834 dan como el inicio de esa etapa aunque sus más notables representantes serán Adolf Anderssen, Joseph Henry Blackburne, Lionel Kieseritzky, Paul Morphy, Daniel Harrwitz, Johannes Zúkertort, Howard Staunton, Pierre Saint-Amant entre otros.
La inmortal de Anderssen y Kieseritzky.
Desde hacía tiempo Londres y París eran las Mecas del ajedrez y determinados cafés en ambas ciudades el lugar de encuentro habitual de los ajedrecistas.
Una atmósfera bohemia y culta eran el marco de las partidas y torneos,que comenzaban a organizarse extendiendo las fronteras del Reino Unido y Francia.
Justamente en 1851 Adolf Anderssen, alemán nacido en Breslau (hoy Polonia) era invitado para jugar en Londres el primer torneo internacional.
Durante la estadía de Anderssen en Londres jugó algunas partidas amistosas en un café que aún hoy existe "Simpson's-in-the-Strand" (la serie de TV inglesa Downton Abbey presenta algunas escenas de fastuosas cenas y reuniones en Simpson's-in-the-Strand).
Una de esas partidas quedaría en la historia como "La inmortal" como ejemplo de partida romántica.
Eso pasó gracias a su contrincante Lionel Kieseritzky que registró su derrota y la publicó en su época de editor de "La Regence".
Porque tan romántico como el ganador era el derrotado.
En "La Inmortal" (ver detalle de la partida abajo) se presentan todos los atributos exigidos por el romantisísmo: combinaciones muy creativas, sacrificios, desvíos (muchos incluyendo sacrificios), finales más creativos todavía pero sobre todas las cosas, los ajedrecístas románticos.
Hoy en día el contrincante de Anderssen se hubiera rendido al vislumbrar el destino de su rey, no fue el caso de Kieseritzky, él continuó la partida (como todos en esa época) hasta que el vencedor mostrara todas sus virtudes.
Por eso "La inmortal" no es solo de Anderssen sino también de Kieseritzky.
El siglo XX con la llegada del Hipermodernismo en el ajedrez es realmente raro ver un mate a nivel profesional (salvo algunas excepciones que curiosamente involucraron al gran ajedrecista polaco-argentino Miguel Najdorf, pero eso es otra historia).


